Es un tesoro que es
necesario guardar.
En
el bienaventurado Job, el vaso de barro experimenta exteriormente las desgarraduras de sus
úlceras, pero el tesoro interior permanece intacto. En lo exterior crujen sus
heridas, pero del tesoro de sabiduría que nace sin cesar en su interior emanan
estas palabras llenas de santas enseñanzas: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? (S. GREGORIO
MAGNO,Moralia, 3).

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