Verdaderamente
es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol por verdaderamente es
sabio aquel que hace la voluntad de Dios y deja la suya. (Imitación de
Cristo, 1, 4, 2). Lo propio de la sabiduría de este mundo es ocultar con
artificios lo que siente el corazón, velar con las palabras lo que uno piensa, presentar lo
falso como verdadero y lo verdadero como falso. La sabiduría de los hombres
honrados, por el contrario, consiste en evitar la ostentación y el fingimiento,
en manifestar con las palabras su interior, en amar lo verdadero tal cual es, en
evitar lo falso, en hacer el bien gratuitamente, en tolerar el mal de buena gana,
antes que hacerlo; en no quererse vengar de las injurias, en tener como
ganancia los ultrajes sufridos por causa de la justicia. Pero esta honradez es el
hazmerreír, porque los sabios de este mundo consideran una tontería la
virtud de la integridad. Ellos tienen por una necedad el obrar con rectitud, y la
sabiduría según la carne juzga una insensatez toda obra conforme a la verdad. (S.
GREGORIO MAGNO, Moralia, 10).

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