domingo, 1 de junio de 2014

SABIDURÍA DE DIOS, SABIDURÍA DE LOS HOMBRES

Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol por verdaderamente es sabio aquel que hace la voluntad de Dios y  deja la suya. (Imitación de Cristo, 1, 4, 2). Lo propio de la sabiduría de este mundo es ocultar con artificios lo que  siente el corazón, velar con las palabras lo que uno piensa, presentar lo falso  como verdadero y lo verdadero como falso. La sabiduría de los hombres honrados, por el contrario, consiste en evitar la  ostentación y el fingimiento, en manifestar con las palabras su interior, en amar  lo verdadero tal cual es, en evitar lo falso, en hacer el bien gratuitamente, en  tolerar el mal de buena gana, antes que hacerlo; en no quererse vengar de las  injurias, en tener como ganancia los ultrajes sufridos por causa de la justicia.  Pero esta honradez es el hazmerreír, porque los sabios de este mundo  consideran una tontería la virtud de la integridad. Ellos tienen por una necedad  el obrar con rectitud, y la sabiduría según la carne juzga una insensatez toda  obra conforme a la verdad. (S. GREGORIO MAGNO, Moralia, 10).

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