Entre los
dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad
todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en
condiciones de poder juzgar con verdad
sobre las situaciones y las cosas de esta vida. (SAN JOSEMARÍA
ESCRIVÁ
DE BALAGUER
,
Es Cristo
que pasa, 133). La sabiduría, para nosotros, no sólo se considera como
conocimiento de Dios, como hacen los filósofos,
sino también en cuanto es directiva de la vida humana, la cual no sólo se dirige por razones
humanas sino también por razones
divinas. (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2- 2, q. 9, a. 2).
La
penitencia borra el pecado y la sabiduría lo evita. (S.AMBROSIO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 40). El que tiene la
palabra de sabiduría pero no quiere emplearla en provecho del prójimo, es semejante al que pone dinero
en una bolsa y la tiene siempre atada.
De ahí que esté escrito: sabiduría y tesoro ocultos, ¿para qué sirven? (Ecl 20,
32). (S. GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobre los Evang.)

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