Ellos (los Apóstoles) eran dignos
de oír aparte los misterios por el profundo respeto que les inspiraba la sabiduría,
estando como estaban en el recogimiento de la virtud, lejos del tumulto de los
malos pensamientos: que es en este recogimiento donde se percibe la sabiduría.
(S. JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. IV, p. 110).

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